La herida del abandono: el miedo a que no se queden

(Serie: Las Heridas del Alma – Parte II)
Hay un vacío que no siempre se ve,
pero que se siente como un nudo en el pecho cada vez que alguien se aleja.
Ese nudo tiene nombre: la herida del abandono.
Cómo nace la herida del abandono
La herida del abandono aparece cuando, en la infancia, sentimos que el amor no era constante.
No necesariamente porque alguien nos dejara físicamente,
sino porque emocionalmente no estuvo disponible.
Puede haber nacido de un padre o madre ausente,
de una figura que amábamos pero estaba demasiado ocupada,
o incluso de experiencias donde nuestras necesidades afectivas no fueron vistas.
De niñas, aprendimos que el amor podía irse en cualquier momento,
y nuestro sistema nervioso comenzó a vivir en alerta:
“Si no me esfuerzo lo suficiente, me van a dejar.”
Así se instala un miedo silencioso: el miedo a la soledad.
Cómo se manifiesta en la vida adulta
Esta herida puede volverse una guía invisible en las relaciones,
empujándonos a hacer de todo por mantener a otros cerca.
- Te cuesta estar sola, incluso en calma.
- Te sobreadaptas para que los demás no se alejen.
- Das más de lo que recibes, esperando amor a cambio.
- Confundes atención con afecto.
- Te cuesta poner límites, por miedo a “espantar” a quien quieres.
Y cuando sientes distancia emocional, el cuerpo reacciona como si fuera abandono real:
ansiedad, vacío, tristeza o necesidad de contacto inmediato.
No es exageración: es el sistema de apego buscando seguridad.
Qué hay detrás del abandono
Detrás del miedo a que no se queden, hay una niñ@ interior que solo necesita presencia.
Que anhela brazos que no se vayan, una voz que diga:
“Estoy aquí, aunque no hagas nada.”
Sanar esta herida no significa depender menos,
sino aprender a acompañarte cuando los demás no pueden hacerlo.
Tips para empezar a sanar
1. Aprende a estar contigo sin distraerte.
No llenes el silencio, escúchalo.
El vacío que temes no es peligroso, es una invitación a reencontrarte.
2. Crea rutinas de autocuidado emocional.
Despierta, come, descansa y respira con ternura.
Cada acto de presencia contigo misma repara el abandono interno.
3. Practica el vínculo consciente.
No mendigues amor. Observa si te estás quedando donde no hay reciprocidad.
El amor verdadero no se trata de “retener”, sino de elegir quedarse.
4. Habla con tu niña interior.
Cada vez que sientas miedo de que alguien se aleje,
imagina que abrazas a esa parte tuya que un día sintió soledad.
Dile: “No te voy a dejar.”
Recuerda
Sanar la herida del abandono es aprender a sostenerte desde dentro.
No se trata de cerrar el corazón, sino de abrirlo con raíces más fuertes.
Cuando ya no temes que los otros se vayan,
empiezas a atraer relaciones donde el amor no depende del miedo.
El abandono deja de doler cuando te das cuenta de que tú puedes quedarte contigo.
Próximo artículo: La herida de la humillación: cuando el amor se confunde con vergüenza
👉 Sígueme en el blog RaquelSomosss para continuar este recorrido de autoconocimiento y sanación emocional.
"somoS. sanamoS. seguimoS."