La herida de la traición: cuando el control reemplaza la confianza

(Serie: Las Heridas del Alma – Parte IV)
Hay heridas que no se notan a simple vista,
pero que se revelan en la necesidad de tener todo bajo control.
En la dificultad para soltar, en el miedo a confiar,
en esa sensación constante de que si tú no lo haces, algo va a salir mal.
Esa es la voz de la herida de la traición.
Cómo nace la herida de la traición
La herida de la traición aparece cuando, siendo niñ@s, alguien en quien confiábamos no cumplió su promesa.
Tal vez un adulto que dijo “no te preocupes” y desapareció.
O alguien que nos hizo sentir segur@s y luego nos decepcionó.
En ese momento, el inconsciente grabó un mensaje profundo:
“No puedo depender de nadie.”
Y para no volver a sentir esa impotencia, desarrollamos una coraza:
la del control, la autosuficiencia y la vigilancia constante.
De adult@s, esa coraza se convierte en una forma de sobrevivir…
pero también en una prisión invisible.
Cómo se manifiesta en la vida adulta
Esta herida suele disfrazarse de fortaleza.
Las personas con herida de traición pueden parecer seguras, decididas, líderes naturales…
pero por dentro viven en una tensión silenciosa.
- Les cuesta delegar o confiar en los demás.
- Se sienten defraudad@s fácilmente.
- Buscan tener la razón como una forma de protegerse.
- Se muestran fuertes, pero temen profundamente ser vulnerables.
- Controlan los detalles porque el descontrol les recuerda el dolor de la traición.
Y así, sin darse cuenta, el control se convierte en un sustituto de la confianza.
Qué hay detrás de la traición
Detrás de esta herida hay una niñ@ que alguna vez confió de verdad…
y fue traicionad@.
Una parte tuya que aprendió que mostrar fragilidad era peligroso,
y que amar sin defensa era exponerse a ser herida.
Sanar esta herida no significa dejar de ser fuerte,
sino aprender a ser fuerte sin endurecerte.
Volver a confiar, no porque los demás sean perfectos,
sino porque tú ya no dependes del control para sentirte segur@.
Tips para empezar a sanar
1. Observa tu necesidad de control.
Cada vez que sientas ansiedad por “que todo salga bien”,
pregúntate:
“¿Estoy controlando para protegerme o para evitar sentir?”
2. Practica la vulnerabilidad segura.
Empieza con pequeños gestos: pedir ayuda, compartir lo que sientes, dejar que otros te cuiden.
La confianza se reconstruye en lo cotidiano.
3. Acepta que la lealtad empieza contigo.
Honra tus propios límites, cumple tus promesas, sé coherente contigo.
Cuando tú eres leal a ti mism@, las traiciones externas duelen menos.
4. Permítete no tener el control.
Dejar fluir no es rendirse, es reconocer que la vida no necesita tu vigilancia para sostenerte.
Recuerda
Sanar la herida de la traición es volver a confiar en la vida.
Es permitirte soltar sin miedo, amar sin condiciones,
y descubrir que la verdadera seguridad no viene del control,
sino de la coherencia interior.
Cuando confías en ti, ya no necesitas controlar a nadie.
Y cuando confías en la vida, el pasado deja de repetirse.
Próximo artículo: La herida de la injusticia: cuando ser fuerte se convierte en obligación
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